Las aduanas online, el obstáculo más desconocido por los emprendedores

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Cuando Internet abrió la posibilidad de comercializar por medio de canales diferentes a los tradicionales, ni siquiera los más optimistas pronosticaron un entorno similar al que vivimos actualmente con el comercio electrónico. Su auge hoy es innegable y prueba de ello son los datos publicados recientemente por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC): durante el segundo trimestre de 2016, las ventas desde webs españolas hacia el exterior registraron una facturación de 939,3 millones de euros.

Lo cierto es que en los últimos años muchos emprendedores se han lanzado a vender sus productos a través de la red y no sólo dentro de España, sino también fuera de nuestras fronteras. El ecommerce facilita sin duda el acceso a un mercado global, pero son muchas las dificultades con las que los jóvenes empresarios se encuentran en este desembarco.

Como cuenta Carlos Andonegui, profesor de ecommerce en EAE Business School y director general de Vinopremier.com, “el comercio electrónico permite, de forma barata y sencilla, llegar a millones de clientes en todo el mundo, pero hay que conocer la normativa, que suele variar en cada país y que, además, cambia en función del producto”. Una normativa en la que los sistemas arancelarios son los grandes desconocidos a pesar del papel tan importante que juegan. Como explica Marta Belloso, jefa de producto de DHL Express, las aduanas son entidades públicas que dependen de los Estados y que protegen los intereses nacionales: “La reglamentación que dicta la aduana de destino puede influir en el producto, etiquetado, embalaje, documentación, certificados y, por supuesto, en los costes debido a los aranceles e impuestos”.

A tener en cuenta
En primer lugar, cuando un emprendedor se plantea vender sus artículos a nivel nacional debe tener en cuenta que las Islas Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no forman parte del terriorio de aplicación del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y, además, éstas dos últimas tampoco pertenecen al territorio aduanero comunitario. Al hilo de lo anterior, la Guía de Arancel de la Cámara de Comercio de España señala que “los envíos entre Ceuta y Melilla y el resto de los territorios de la Unión Aduanera, y principalmente entre la Península, Baleares y Canarias, hay que considerarlos como si fueran envíos de terceros países y, por lo tanto, tendrían que pagar el arancel exterior común”.

Por su parte, cuando se trata de vender fuera de nuestras fronteras a clientes europeos, “las empresas españolas tienen que considerar que, de forma general, podrán vender dentro de la Unión Europea sin necesidad de pasar aduanas por tratarse de una zona de libre circulación de mercancías”, afirma Belloso.

Sin embargo, al igual que sucede en el caso español, también existen ciertos matices al respecto. Por ejemplo, “hay zonas con regulación especial como las islas del Canal de Reino Unido e, incluso, países dentro de Europa como Suiza o Noruega, donde hay que cumplir la reglamentación aduanera y liquidar aranceles e impuestos”, añade Belloso. Por todo ello, es fundamental identificar tres aspectos claves en este sentido: la identidad del producto, su valor y el funcionamiento del destino, como indica Antonio de la Ossa, profesor del máster en Derecho Internacional de los Negocios de Esade Law School y director general de Ibercondor.

Una vez superado el límite europeo, si el emprendedor decide vender a clientes que residen fuera de la UE es necesario “tener un conocimiento de los requisitos que la aduana en destino le va a exigir: documentación, certificados? Y, por otro lado, conviene tener en cuenta que el coste del transporte será mayor porque en muchos de los casos debemos incluir los aranceles e impuestos en destino”, apunta Belloso. Por ejemplo, si se vende un producto a Panamá, deberá pasar por la aduana del país latinoamericano y, dependiendo del valor, se exportará con una declaración concreta. Así, “en estos casos hay que tener en cuenta la consideración del valor del producto, porque si sobrepasa el valor de 150 euros, se debe tramitar como mercancía en régimen comercial y se aplican las normas de la aduana de cada país. Hasta los 22 euros se considera de bajo valor y se exporta con el propio documento de la compañía que lo transporta, mientras que si oscila entre 22 y 150 euros se utiliza un proceso simplificado de exportación”, aclara De la Ossa. En la mayoría de los casos es el cliente el que paga el gasto del arancel aduanero y se incluye en el precio total del producto.

Alimentos y bebidas, los productos con más trabas
Además, otro de los puntos que hay que tener en cuenta es la existencia de diferencias entre los envíos particulares o comerciales, ya que en la venta al cliente final suele haber menos condiciones, pero si el objetivo es la reventa existen más restricciones. No obstante, como comenta Belloso, “en algunos países no está permitida la venta directa a particulares, a no ser que se disponga de un importador o representación fiscal que se haga responsable de cumplir con los requisitos aduaneros y liquidar los impuestos”.

Asimismo, en función del tipo de producto que se quiera vender, el emprendedor se encontrará con más o menos restricciones. “Por ejemplo, en el caso de Reino Unido, hay un impuesto sobre el vino, de forma que hay que pagar una tasa por cada botella, pero en Francia e Italia esta tasa no existe. En Suecia, por su parte, hay un monopolio para la venta de alcohol por parte del Gobierno y sólo se puede vender un determinado número de botellas a una persona a través del comercio electrónico”, cuenta Andonegui. Al hilo de lo anterior, De la Ossa menciona que se debe tener especial cuidado con los productos que dañan el medio ambiente, los alimenticios o las bebidas, mientras que Belloso señala los productos sanitarios y farmacéuticos como aquellos más susceptibles de contar con restricciones o normativas más estrictas.

Por último, las siguientes circunstancias también merecen una atención por parte del emprendedor. Es el caso de que el cliente quiera devolver el producto que ha comprado, ya que “las empresas de courier -se encargan del envío de mensajería y de paquetes- están muy avanzadas en la parte de la expedición, pero no tanto en el retorno”, afirma De la Ossa. Además, aunque no suele suceder muy a menudo, también hay que saber qué hacer si la mercancía se queda retenida en la aduana: “Los productos no suelen quedarse retenidos, sólo las falsificaciones, pero esto no se aplica a los envíos particulares, sino a los comerciales”, concluye De la Ossa.

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