Salir pronto del trabajo… La utopía en un país que trabaja cada vez más horas

María Verónica Diaz RamosNoticias

Dejar de trabajar a una hora normal o desconectar y no tener que recibir llamadas ni correos del jefe fuera del horario laboral parece más una quimera que una realidad en un país como el nuestro, donde cada vez se trabajan más horas e impera el presentismo.

Salir del trabajo a las 18 horas e implantar leyes de desconexión que impidan recibir correos o llamadas del trabajo fuera del horario laboral… Durante los primeros siete meses del año, numerosas propuestas de autogestión del tiempo, racionalización de los horarios, limitación de la intervención de las compañías en la esfera personal o conciliación han creado un cierto espejismo en un mercado laboral como el español, en el que la cultura del presentismo y de la multitarea inútil sigue implantada en muchas organizaciones, que premian más el estar que el hacer. Y donde todavía no está muy claro cómo cruzar la delgada línea que separa la exigencia de disponibilidad las 24 horas con la posibilidad de negarse a ella sin sufrir las consecuencias en nuestra carrera profesional.

Estamos en nuestro derecho de preservar un espacio privado y marcar líneas rojas que nuestro jefe o nuestra compañía nunca podrán traspasar, pero es muy probable que negarse a contestar algún correo o alguna llamada fuera del horario laboral abra nuevas oportunidades a otro compañero que sí esté dispuesto a hacerlo. Parece evidente que las nuevas exigencias de tiempo y dedicación requieren una gestión ajena a la conciliación tradicional.

¿Acabar la jornada a las 18 horas? Un estudio de Randstad sobre la evolución de jornada laboral efectiva de los trabajadores en España concluye que los ocupados españoles realizaron, de media, 406,5 horas laborales durante el primer trimestre de 2017, lo que supone un aumento del 4,5% con respecto al mismo periodo del año pasado.

Esto implica que los empleados aumentaron su jornada laboral efectiva en 17,4 horas durante el primer trimestre de este año. Si se analiza la serie histórica, se observa que la cifra registrada antes de la crisis era de 412,5 horas, un 1,5% más que el dato alcanzado en 2017. Al año siguiente, en 2009, se registró la cifra más alta de todo el periodo analizado, 414,6 horas. Tras mantenerse estable durante los tres años siguientes, en 2013 el número de horas efectivas descendió hasta las 398,4, para después superar las 400 durante los dos ejercicios siguientes. En 2016 se registró el menor número de horas laborales (389,1). A partir de aquí se produjo un crecimiento del 4,5% hasta alcanzar las 406,5 en 2017.

El exceso de horas trabajadas, y centrarse en el presentismo influye negativamente en la creatividad y en la capacidad de innovación de las organizaciones e impacta en la calidad del talento organizativo porque, entre otras cosas, aumenta la rotación y limita el acceso de profesionales con talento a posiciones superiores. La productividad se logra con quien está verdaderamente enganchado, y nunca debe ser una cuestión de pasar más horas en la oficina.

Los profesionales aprecian cada vez más su propio tiempo. Las jóvenes generaciones contraponen el salario al tiempo libre y prefieren empresas más pequeñas, o incluso propias, a pesar de que pueden ganar menos dinero. La retribución y el estatus no les importa tanto. Trabajar menos se convierte en un reclamo para captar talento, pero este tipo de estrategias suele ser típica de la mentalidad start up, en compañías que permiten a sus profesionales disfrutar de los fines de semana y salir de la oficina a horas poco intempestivas, básicamente porque se trata de organizaciones que se caracterizan por la velocidad, la agilidad, los nuevos ritmos de trabajo, la flexibilidad, y una organización horizontal y colaborativa. Son enemigas del presentismo y de la multitarea inútil que no aporta nada nuevo ni positivo.

La cuestión es que un exceso de horas trabajadas, y centrarse en el presentismo influye negativamente en la creatividad y en la capacidad de innovación de las organizaciones, pero además tiene un impacto negativo en la calidad del talento organizativo, aumenta la rotación y limita el acceso de profesionales valiosos a posiciones superiores.

Otra de las dificultades para hacer realidad esta utopía de la salida del trabajo a las 18 horas es que multitud de compañías en diversos sectores tendrían que establecer nuevas estrategias y modificar su organización para adaptar sus servicios, planes de carrera y funcionamiento a las necesidades y posibilidades de quienes, efectivamente, salgan del trabajo a las seis de la tarde. Porque no todos podrán hacerlo.

Así, la investigación de Randstad concluye que los profesionales de la construcción son los que más horas trabajan, con 453 horas de media, 10 horas más que en 2008. Durante el último año, este sector ha aumentado las horas en un 5,01% (21,6 horas), siendo también el que registra un mayor crecimiento en este aspecto.

En segunda posición se encuentran los trabajadores del sector industrial con 447,3 horas trabajadas, lo que supone un incremento de 14 horas con respecto a 2008. Este sector registra un crecimiento de 21,3 horas, es decir, de un 5% en relación al mismo periodo de 2016. Finalmente, en última posición, se sitúa el sector servicios con 395,7 horas realizadas. Este sector es el único que desciende en el número de horas con respecto a antes de la crisis, en concreto, se realizaron 6 horas menos que en 2008. Con respecto al año pasado, las horas en este sector aumentaron en 16,5, es decir, un 4,35% más.

El lugar de residencia del profesional es otro de los factores a tener en cuenta a la hora de analizar la jornada laboral de este, ya que dependiendo de la región, el rango de horas se encuentra entre las 418 y las 385. El estudio de Randstad muestra que Canarias es la región que alcanza un número mayor de horas laborales realizadas. En concreto, los canarios realizaron 418,8 horas durante el primer trimestre de 2017. Le siguen los madrileños (416,4), los cántabros (415,2) y los catalanes (412,5). En el lado opuesto, se encuentra Extremadura, que es la región que registra menos horas trabajadas (385,2), seguida de Castilla y León (392,1) y Euskadi (393,3).

 

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