Parejas que lanzan su propio negocio, un fenómeno en auge

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Desde la crisis, cada vez más cónyuges deciden fundar su empresa de forma conjunta para combinar el trabajo con la vida personal.

David Lesniak y David Muñiz, copropietarios del café Outsider Tart de Londres, aseguran que discuten a través de mensajes por el móvil cuando no quieren pelear delante de sus cinco empleados. Ambos forman parte de una nueva tendencia de parejas que viven y trabajan juntos. Hace nueve años, Lesniak, que tenía formación de arquitecto, decidió empezar a cocinar alguna de sus recetas tradicionales favoritas. Los fines de semana, ambos vendían brownies, cupcakes y tartas de cereza en los mercados de Londres. Abrieron el café en 2009, poco antes de que Muñiz dejara su puesto de director en una importante empresa online, tras lo que ampliaron el negocio para convertir la pastelería en un restaurante.

Su experiencia es un ejemplo de que la tradicional tienda familiar sigue de moda, y no sólo en el sector de la restauración. Entre las parejas que han optado por estos negocios para superar las duras consecuencias de la crisis, se encuentran Kate y Andy Spade, fabricantes de accesorios; y Niall y Faith MacArthur, fundadores de EAT, una cadena de bocadillos y que también ejercen de consultores para cónyuges que están iniciando un negocio de forma conjunta.

La frágil situación del mercado de trabajo después de la crisis de 2008 ha contribuido a la popularidad de este fenómeno. Aunque es habitual escuchar la historia de los millennials -las personas nacidas entre 1980 y 2000- que se convierten en emprendedores, sus padres también están aprovechando la coyuntura económica para adaptar el trabajo a sus vidas, en lugar de al revés.

“Los coemprendedores son cada vez más habituales y desempeñan un papel fundamental en la economía mundial; aunque todavía no hay estadísticas oficiales que sigan este fenómeno”, señala Alfredo de Massis, profesor de empresa familiar en la Universidad de Leicester. Hace poco, realizó una encuesta en la que más de la mitad de los emprendedores italianos indicó que su esposa o pareja trabajaba con ellos. Hace seis años, en este mismo estudio el porcentaje era inferior al 30%.

Pero, además de estos análisis, es complicado encontrar otras cifras. La oficina gubernamental que monitoriza las pequeñas y medianas empresas no ofrece datos sobre los coemprendedores.

Pese a todo, el efecto de este fenómeno es innegable. “Se trata de una nueva tendencia en el funcionamiento de los negocios familiares tradicionales”, explica Sabine Rau, profesora de emprendimiento y negocio familiar en el King’s College de Londres. “Ser empleado de una gran empresa no deja mucha facilidad para compaginar el trabajo con la vida personal. Estamos volviendo a la época en la pasábamos más tiempo juntos”, concluye.

Fuente: www.expansion.com
Imagen: Dreamstime