“El dinero no es el criterio para entrar en una escuela de negocios”

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Descubrir y enseñar nuevas habilidades profesionales y estar cerca de las necesidades de las empresas son claves del éxito de las escuelas.

El dinero no garantiza una plaza en un programa exclusivo o en una escuela de negocios selecta que ocupa los primeros puestos en las clasificaciones internacionales. Y tampoco asegura los contactos o unas relaciones bien construidas. La credibilidad y el futuro a largo plazo de las escuelas de dirección se sustentan en unos filtros y sistemas de selección y admisión que garantizan captar a los mejores.

Martin Bohem, decano de IE Business School, certifica que “esta capacidad de selección resulta esencial en el caso de profesores y alumnos. Las escuelas de negocios tienen la responsabilidad de filtrar. Es bueno tener el mejor talento, pero éste ha de encajar con nuestra cultura y filosofía. Seguimos la idea de que los recursos económicos de un candidato no pueden impedir que éste acceda a una escuela de negocios. El dinero nunca puede ser la razón de la selección”.

Selección y filtros
Por lo que se refiere a esa voluntad de captar a los mejores, Boehm habla del desfase que se da entre el talento y las necesidades del mercado laboral: “Faltan habilidades, conocimientos y, sobre todo, práctica, y cómo se puede aplicar ese conocimiento. Las empresas han de dedicar demasiado tiempo para adaptarlo, y las escuelas de negocios deben cubrir este vacío. Y ahí entramos nosotros con ciertos programas que han de ser prácticos, muy aplicados y cercanos a las empresas”.

Apoyar en el desarrollo de nuevas habilidades profesionales es otra de las funciones que han de asumir las escuelas de dirección en su papel como nuevo agente del mercado de selección. El decano de IE cita los resultados de algunos estudios que concluyen que el 85% del éxito de una persona (salario, carrera profesional, y otros) depende de nuevas habilidades y capacidades como la comunicación, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico o analítico… Pero sólo un 15% se debe al conocimiento y a la experiencia. Para Boehm, “el desarrollo de estas habilidades forma parte del negocio de adaptarse a las necesidades del mercado. Ofrecemos valor añadido a los candidatos, pero también al mercado de reclutadores. Los alumnos vienen al final con el objetivo de mejorar su vida profesional”.

Realidad
Boehm cree además que una de las razones por las que las escuelas de dirección en España ocupan puestos preminentes en los rankings internacionales es “porque viven en la realidad, cerca de las empresas, con las que colaboran. Este es uno de los puntos clave para que alguien haga un máster, la relación con las compañías, sin olvidar la atención a las nuevas capacidades, el hecho de ofrecer una enseñanza diferente, basada en la posibilidad de interactuar con grupos más pequeños de alumnos, que permite trabajar en cuestiones como las habilidades”.

Transformación digital
También se refiere a la inversión en innovación y aprendizaje, y al esfuerzo por alcanzar una nueva pedagogía. En el caso del IE, Wow Room se configura como una ruptura con la visión tradicional de formación presencial, blended y online. Se trata de aplicar nuevas experiencias a través de inteligencia artificial, simulaciones en tiempo real, análisis de big data, robots interactivos, sistemas de reconocimiento emocional y presencia de expertos vía hologramas, entre otros recursos.

La internacionalización es otro de los retos de las escuelas de dirección. Boehm asegura que “resulta complicado mejorar en este aspecto cuando se tienen 110 nacionalidades en un campus. El siguiente paso es la diversidad desde el punto de vista de los perfiles profesionales -negocios, ingeniería, periodismo, abogados, médicos o incluso atletas- que acceden a la escuela. y también la diversidad de opiniones, porque el desarrollo de personas es esencial”.

La búsqueda de la diferencia se da también en la formación de emprendedores y el fomento de la mentalidad start up. Boehm cree que “hay una cierta burbuja del emprendimiento. Muchas escuelas de negocios entraron en esto porque se trataba de una moda, y lo que debe hacer una institución como la nuestra es trabajar de manera diferencial. La estrategia de futuro en este sentido pasa por rediseñar el MBA y enfocarlo más hacia el espíritu emprendedor. A los emprendedores les interesa una base de negocios completada con la posibilidad de especializarse en aquellos temas que les sirvan específicamente para sus sectores y proyectos”.

Un experto en márketing
Martin Boehm, nuevo decano de IE Business School, se incorporó a la escuela de negocios en 2006 y sustituye en el cargo a Santiago Íñiguez, que ha sido nombrado presidente ejecutivo de IE University. Boehm llegó al IE en 2006 y ha combinado su labor académica como profesor de márketing con cargos directivos como decano de Estudios de Grado de IE University (2008-2010), decano adjunto de ‘Masters in Management’ (2010-2012) o decano de Programas (2012-2017). Es licenciado en International Business (Reutlingen University), cuenta con un PhD en Marketing (Johann Wolfgang Goethe-University, Alemania) y tiene un MBA de la Australian Graduate School of Entrepreneurship.
La ética ya no es asignatura pendiente
En los tiempos complicados de recesión económica se alzaron voces que acusaban a las escuelas de negocios de haber participado en la formación de directivos y líderes sin valores que agudizaron los efectos de la crisis. Martin Boehm cree que aquí también hubo una especie de burbuja: “No quiere decir que las escuelas de dirección no tuviéramos que mejorar, pero está claro que hacía falta un culpable, y era más sencillo cargar contra estas instituciones”. El decano de IE Business School opina que las escuelas invierten adecuadamente en cuestiones que tienen que ver con la ética, y asegura que el alumnado cada vez más diverso en procedencia, perfiles y salidas profesionales ayuda a avanzar en este sentido. Se refiere además a algunas medidas extraordinarias que tienen que ver con nuevas metodologías de aprendizaje. Reducir dentro del aula el exceso de competitividad es una de ellas, ya que un entorno supercompetitivo puede ser un caldo de cultivo para la corrupción y las malas prácticas. Boehm defiende el hecho de que una parte de la nota final de los alumnos no dependa únicamente del rendimiento personal, sino también del grupo, fomentando el trabajo en equipo, con nuevos sistemas de calificación que reduzcan esa competitividad tóxica. Sin olvidar que “las nuevas generaciones tienen expectativas diferentes en lo que se refiere a una educación excelente. Ya no quieren clases magistrales, sino involucrarse en el viaje de aprendizaje que implica un punto de experiencia y aplicación a la realidad”.

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